La absurda hipocresía te observa,
te califica, te desea,
se alimenta de tus jugosas carnes
asiéndote de tu suculenta forma
para entregarte a las vertientes de donde emanan
escalfados imberbes, cocinados,
listos para enfrentar la vida
y consumirse en el escenario que sincera
sus mas oscuros deseos de dominar con dinero,
tus movimientos, tu libido, tu impaciente efervescencia.
En sus cunas de metal forjado, sus madres los acarician,
los convierten en mancebos esclavos,
mientras tú te abalanzas sobre la venenosa hiedra
y en trance conminas a la indecencia al altar de las altas voces
que hipnotizan a los parroquianos de tu oscura iglesia.
viernes, marzo 30, 2007
jueves, marzo 22, 2007
El espectáculo de tu placer intenso y nuevo,
hace sangrar mis terrenos,
enfermos, temblorosos, al ritmo de tu histeria,
se levantan los cordones montañosos del orgullo,
y desde la frontera llana, hacia la cordillera,
levantando la mirada, el glaciar de nuestras energías agotadas,
domina la altura, es majestad inanimada.
Tú dibujaste la mueca complaciente
al demonio colosal del hastío,
y hoy día en nauseas todavía hueles tu esencia pasada,
esperas que la muerte duerma contigo
que el vacío sea tu lecho
y te cubra el gélido aliento de tu ultima noche en la Tierra,
Tus favores embellecian la realidad,
la recubrian de infinitas texturas,
le daban todos los colores
y la hacian bailar bajo la luz y la oscuridad,
el absurdo se avergonzaba de su puerilidad,
ante la majestuosa coreografía.
Quería arrancárte de a pedazos tu piel con mordidas abiertas,
que los infernales ladridos destruyan los barrotes
y recibieras gozosa, nuevamente, a su apetito de carne, sangre y jadeantes embistes,
gritarás despavorida ante el estallido de placer ineludible
haciendo del momento, la evocación de las estrellas cuando mueren
y descubren su matriz de extasiadas supernovas.
hace sangrar mis terrenos,
enfermos, temblorosos, al ritmo de tu histeria,
se levantan los cordones montañosos del orgullo,
y desde la frontera llana, hacia la cordillera,
levantando la mirada, el glaciar de nuestras energías agotadas,
domina la altura, es majestad inanimada.
Tú dibujaste la mueca complaciente
al demonio colosal del hastío,
y hoy día en nauseas todavía hueles tu esencia pasada,
esperas que la muerte duerma contigo
que el vacío sea tu lecho
y te cubra el gélido aliento de tu ultima noche en la Tierra,
Tus favores embellecian la realidad,
la recubrian de infinitas texturas,
le daban todos los colores
y la hacian bailar bajo la luz y la oscuridad,
el absurdo se avergonzaba de su puerilidad,
ante la majestuosa coreografía.
Quería arrancárte de a pedazos tu piel con mordidas abiertas,
que los infernales ladridos destruyan los barrotes
y recibieras gozosa, nuevamente, a su apetito de carne, sangre y jadeantes embistes,
gritarás despavorida ante el estallido de placer ineludible
haciendo del momento, la evocación de las estrellas cuando mueren
y descubren su matriz de extasiadas supernovas.
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