viernes, noviembre 17, 2006

¿Podría encontrarme templado ante el vecino huracán?, ¿enfrentarme a la tormenta?,
pequeño, pequeño, en el crepúsculo. Nada sé, a todo temo, tiemblo al unísono con el pecho inflado de mi madre, dentro anidan cuervos, y monstruos de locura, aprisionados esperan el amor de una mujer para calmar sus ansias de destrucción y muerte.

Réquiem de vida, fluye para desembocar en mares negros, desde lo profundo gases de bacterias ya inertes tejen el espejo verde donde el infame encontrara su imagen trizada, deformada. La violencia, divina violencia, arma del compungido, canes furiosos y hambrientos, salvajes, encadenados a la conciencia, en el desierto, en el anochecer oscuro de la Tierra, cuando el hombre se convierte en su propia sombra, cuando la Luna oculta su vergüenza, salen a cazar la bondad, entierran los huesos de la beneficencia, desgarran las carnes del beneplácito, y te mastican a ti, mi divina belleza, no te odian, te desean, desean tus carnes jugosas desde donde fluye la miel turquesa, desean tu plenitud y estoica firmeza.

El dolor, escultor del temple, forjador del hierro, ha esclarecido el vidrio de tus ojos, ven a través del cuerpo, tus oídos han sintonizado el quiebre de mi voz, sus tonos de brea, su espesa consistencia, su indolencia.

Cuando no estas, eres un murmullo ante el grito mudo de la displicencia, la espera se hizo fútil, un arroyo desde la alta montaña quería ser río, quería ser mar, pero termino siendo vapor industrial. Regurgita el lodo negro de tus entrañas, los gusanos del vientre te han vuelto inquieta. El mundo secreto de mis sueños escudriña en tu vida ausente, ¿que serás cuando yo no estoy?...

miércoles, noviembre 15, 2006

Mi vida, ¿donde estas?,
en el palpito del universo,
los ecos se meten en los sueños,
te veo pero no te siento,
tu figura es un fantasma,
y se difumina con el viento,
mi sangre hierve y hierve,
pero se agolpan al momento
la milicia de los eventos,
se presentan uno a uno,
y me recuerdan lo vivido y lo imaginado,
lo deseado, lo deseado,
y me doy cuenta cuanto te necesito a mi lado,
para atormentarlos con tu presencia,
y silenciar, silenciar, mientras te beso,te abrazo,
los penetro con tu calor,
y derraman el icor en tus senos.
En la penumbra del no sentir
se esboza tu figura,
es esa sustancia eterea la que me hace idiota,
debo olvidar, despojarme de la atadura
de las redes del cosmos,
pero es un tejido calido,
dulce y melodioso,
al estirarse desde
lo profundo del planeta hasta la medianidad,
en ese gran esfuerzo se rompe la piel y sangra miseria,
yo te quiero mia y el tiempo me niega tu presencia,
tiempo maldito, me roba tu belleza,
soy esclavo de ese tiempo, y tu, por no se que juego maligno,
eres potestad.

domingo, noviembre 12, 2006

El adios a Venus (español)

¡Gracias sean dadas a tus favores!
¡Ensalzado sea tu amor!
¡Feliz será por siempre
quien junto a ti ha morado!
¡Envidiado será por siempre
quien, lleno de cálidos deseos,
entre tus brazos
ha participado del ardor divino!
Encantadores son los prodigios de tu reino,
en él respiro la magia de todas las delicias:
ningún país del ancho mundo
ofrece nada igual,
al parecer tú puedes prescindir fácilmente
de lo que el mundo posee.
Sin embargo, quiero abandonar
estos perfumes de rosa,
lo que yo anhelo son los aires del bosque,
el claro azul del cielo de los hombres,
el fresco verdor de nuestros prados,
el grato canto de nuestros pajarillos,
el familiar tañido de nuestras campanas.
Tengo que huir de tu reino,
¡oh reina, diosa mía!
¡Déjame partir!

El adios a Venus

Dank deiner Huld! Gepriesen sei dein Lieben!
Beglückt für immer, wer bei dir geweilt!
Ewig beneidet, wer mit warmen Trieben
in deinen Armen Götterglut geteilt!
Entzückend sind die Wunder deines Reiches,
die Zauber aller Wonnen atm' ich hier;
kein Land der weiten Erde bietet gleiches
was sie besitzt, scheint leicht entbehrlich dir.
Doch ich aus diesen ros'gen Düften
verlange nach des Waldes Lüften,
nach unsres Himmels klarem Blau,
nach unsrem frischen Grün der Au,
nach unsrer Vöglein liebem Sange,
nach unsrer Glocken trautem Klange.
Aus deinem Reiche muss ich fliehn--
0h Königin, Göttin, lass mich ziehn!

viernes, noviembre 10, 2006

El escenario

La humanidad se sienta a ver el espectáculo de muerte que tanto goza,
ríe, llora, bebe el intoxicante licor del sudor de aquellos que le sirven de asiento,
el escenario de bello roble donde la savia de la razón algún día fluyó, hoy día es el cimiento donde las butacas de piel y sangre, todavía hirviente, dan calor a los gordos dueños de la charada fantástica.

Yo amo tu piel desnuda en el cuarto vacío de roca esculpida.

Los cimientos se han construido sobre hielo delgado que flota sobre el magma de una tierra fría, el instinto goza volando sobre el, se eleva y aterriza mil veces, corre sobre la punta de sus dedos, el Sol se cierne sobre la tierra, fallece, se entierra, y como menester del único patriarca del ave fénix, vuelve a nacer de nuevo.

Mis perros hambrientos ladran al unísono con tus quejidos de placentera agonía.

El espectáculo comienza, el actor retrata en su rostro el vértigo de caer al vacío y ahogarse bajo la brea espesa que el Tiempo inexorablemente habrá de convertir en roca, y como estatuas imponentes, veneraremos una vez más a la Tierra enferma que con su tacto congelado inmovilizo a las bestias de estatura majestuosa.

Yo te siento lejana, tus pensamientos han volado hacia otro.

Mas allá, en el caldo oscuro del profundo espacio, criaturas innombrables se sientan unas al lado de otras en el mismo hielo frágil, sobre otro frío planeta, y se deleitan con nuestros bellos errores, lloran con nuestros fallidos amores y escupen sobre los pequeños gordos gigantes, como si estuvieran vivos, como si importaran a millones de años luz de distancia.

Te amaré un instante antes de morir.