Un velo azul imponente,
siempre en despliegue,
girando sobre si mismo,
rebotando en la corteza,
burlándose del magma
que penetra el universo.
De pronto se detiene,
y se convierte en frio abismo
sobre un mar solitario
de partículas elementales,
al ritmo de un eco desvaneciente,
en todas las direcciones,
viaja dando fe de su existencia,
hasta que se hunde
en el tiempo enroscado
en una perfecta singularidad,
donde lo que era no era,
y todo lo que es,
es este ahogado momento.
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