viernes, marzo 11, 2011

Sobre ti, las palabras echadas al viento, corren en tu cuerpo hasta alcanzar las profundidades de tu sexo. Si hablamos ya de la infinidad del universo, porque no eyacular mi conciencia entre tus piernas, hacer sangrar tu esfínter con violencia, rematar el mundo por un poco de ti, y pintarte con todo de mí, de la cintura hacia abajo, degustando tu sangre, que fluye hacia el suelo. Me gusta el sabor de tu fruto rojo, CON SU carne que se desviste, que transforma todo en joyas comestibles.
Desechado el orgullo; desnudo el sentido; olvidado el sí mismo; EN MARCHA hacia los portales verdes del momento, donde esta lectura se hace eterna, en una pesadilla infernal, un día más cerca de la muerte, danzando como borregos en un espiral continuo hacia lo profundo de la materia, ennegrecidos, en colectiva histeria.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El único regalo que puedo entregarle es el propio, el sueño de pertenecerle y que me pertenezca, aunque sea una conexión onírica... el deseo se hace carne, he leído por ahí... Felicidades! Espero lo veas mañana.