viernes, noviembre 10, 2006

El escenario

La humanidad se sienta a ver el espectáculo de muerte que tanto goza,
ríe, llora, bebe el intoxicante licor del sudor de aquellos que le sirven de asiento,
el escenario de bello roble donde la savia de la razón algún día fluyó, hoy día es el cimiento donde las butacas de piel y sangre, todavía hirviente, dan calor a los gordos dueños de la charada fantástica.

Yo amo tu piel desnuda en el cuarto vacío de roca esculpida.

Los cimientos se han construido sobre hielo delgado que flota sobre el magma de una tierra fría, el instinto goza volando sobre el, se eleva y aterriza mil veces, corre sobre la punta de sus dedos, el Sol se cierne sobre la tierra, fallece, se entierra, y como menester del único patriarca del ave fénix, vuelve a nacer de nuevo.

Mis perros hambrientos ladran al unísono con tus quejidos de placentera agonía.

El espectáculo comienza, el actor retrata en su rostro el vértigo de caer al vacío y ahogarse bajo la brea espesa que el Tiempo inexorablemente habrá de convertir en roca, y como estatuas imponentes, veneraremos una vez más a la Tierra enferma que con su tacto congelado inmovilizo a las bestias de estatura majestuosa.

Yo te siento lejana, tus pensamientos han volado hacia otro.

Mas allá, en el caldo oscuro del profundo espacio, criaturas innombrables se sientan unas al lado de otras en el mismo hielo frágil, sobre otro frío planeta, y se deleitan con nuestros bellos errores, lloran con nuestros fallidos amores y escupen sobre los pequeños gordos gigantes, como si estuvieran vivos, como si importaran a millones de años luz de distancia.

Te amaré un instante antes de morir.

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