¡Gracias sean dadas a tus favores!
¡Ensalzado sea tu amor!
¡Feliz será por siempre
quien junto a ti ha morado!
¡Envidiado será por siempre
quien, lleno de cálidos deseos,
entre tus brazos
ha participado del ardor divino!
Encantadores son los prodigios de tu reino,
en él respiro la magia de todas las delicias:
ningún país del ancho mundo
ofrece nada igual,
al parecer tú puedes prescindir fácilmente
de lo que el mundo posee.
Sin embargo, quiero abandonar
estos perfumes de rosa,
lo que yo anhelo son los aires del bosque,
el claro azul del cielo de los hombres,
el fresco verdor de nuestros prados,
el grato canto de nuestros pajarillos,
el familiar tañido de nuestras campanas.
Tengo que huir de tu reino,
¡oh reina, diosa mía!
¡Déjame partir!
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