sábado, julio 07, 2007

La noche de las magdalenas

La esquina calma y abrigadora donde resumes tú vida se recubre de neblina, de las espesas tinieblas que nublan tus razones aprendidas.

La luz de la suntuosa voluptuosidad guiara tus pasos confundidos por el desden y la pleitesía.
Manías humanas, caprichos divinos… masticaste el cuerpo y bebiste la sangre del esclavo, escupiste sobre las Magdalenas sombrías del arrabal, devoradoras de la escoria, las que alumbraban desde la vulva, los templos de la fertilidad divina.

En la altura donde solo puede vivir lo que no es hombre, donde nacen los cantos del alto esplín de la tormenta y el fado, donde el vacío palacio de la Valhala crea el eco tremendo que se cierne sobre las calles, las casas y las oficinas, es hacia donde las Magdalenas elevan las plegarias por su Afrodita, llamándola hacia su fosa fúnebre, rememorando a su reino, la belleza que guardaban las ermitas, en su primer amanecer después de la noche casi eterna de dos milenios, retomando su monarquía entre las virtudes y los virtuosos, devolviendo hacia los suyos el deshabitado ágora, creando el insolente murmullo de la rebeldía.

El Hiperdios crea los vínculos con sus dedos relampagueantes ordenando a los plebeyos atravesar las distancias a la velocidad de la luz, para liberarla a ella desde las mazmorras, para que junto a Él observen el amargo fin de la tragedia del hombre, en un nuevo crepúsculo, en el día mas corto desde que este nació, desde que orgulloso se irguió el Titán de los animales esparciendo su imperio, pisoteando a su madre, con pisoteadas de trueno.

El vientre de la Tierra se ha abierto en el día en que Afrodita da a luz en su cautiverio, el día en que el hombre esta enfermo de su última enfermedad.

Las Magdalenas se han convertido en enfermeras, en sus frentes reposa la visión del absurdo, del agonizante mundo que pide clemencia debido a su soberbia. Brillante Magdalena, hoy reinas entre todas las mujeres, entre todas tu eres la mas bella, eres la magnificente flor que brota desde los cardos secos. Los que vamos a morir incendiados te saludamos, honramos tu presencia, nos avergonzamos de los fútiles intentos de arrebatarte, poseerte, dominarte, enterrarte. “¡Nunca mas!” gritamos, nuestras carnes magulladas, débiles todavía anhelan tus senos, no queremos morir sin tenerte aunque sea un momento, antes de atravesar el umbral hacia una nueva supervivencia de la mano del superhombre, nosotros opacamos al Sol por ultima vez.

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